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La clave para mostrar una piel saludable radica en la higiene diaria de nuestro rostro, mañana y noche. Frecuentemente existe la creencia que no es necesario limpiarla sino nos maquillamos, pero los agentes externos ambientales, el estrés, los hábitos alimenticios la “ensucian”, y no es suficiente con lavarla con jabón y agua. Cada persona tenemos un tipo de piel diferente y un estilo de vida distinto y para eso existen una amplia gama de productos adaptados a cada necesidades.

El primer paso, para aquellas que se maquillan es comenzar por los ojos y labios, con un producto limpiador testado oftalmológicamente. Suelen presentar textura gel y en ocasiones existen algunos productos que valen para los ojos y el resto de nuestro rostro.

A continuación, limpiamos nuestro cutis. En este caso existen infinidad de texturas: leche, crema, gel, mousse…  Las texturas más ricas y untuosas, como la leche o la crema, suelen ir dirigidas las pieles necesitadas de una  hidratación extra. Y en el caso de los geles, jabones, mousse van encaminadas a los rostros  tendentes a ensuciarse con mayor facilidad o con exceso de secreción sebácea.

 

Tras secarnos muy bien la piel para evitar que se oxide, nos aplicamos el tónico, éste nos ayudará: reequilibrar el pH necesaria tras la limpieza; cerrar el poro, por su función astringente, y así evitar que entre de nuevo la suciedad; refrescar la piel y a suavizarla por sus componentes hidratantes.

Por último, la hidratamos para mantener su humedad natural, protegerla frente a los agentes externos como: del sol, los radicales libres… que son nocivos para la salud de tu piel. Además de estas funciones básicas, los productos hidratantes, se complementan con otros principios activos que  en base a la edad y a las distintas necesidades (manchas, acné, …) nos ayudan a lucir una piel más saludable y bonita.

Para esta último paso, podemos utilizar  el mismo producto mañana y noche o uno distinto, en función de las exigencias de nuestra piel. El objetivo principal de las cremas de día es hidratar y crear las condiciones idóneas para la defensa de la epidermis, frente a las agresiones externas (polución, tabaco, sol…) por lo que presentan factor de protección, generalmente entre un SPF 8- SPF 20.

Por su parte, las cremas de noche aportan una nutrición extra o cuidados específicos como: acción antiedad o renovación de la epidermis. Estos productos son aplicados de noche por su altos contenido en vitaminas como la C, E y A,   o la presencia de  ácidos frutales AHA y los ácidos glicólicos.

Además estos productos al igual que los limpiadores presentan distintas texturas, más untuosos o más fluidos. Ésta esta relacionada según a quien vaya dirigida, por los principios activos que contenga. Las cremas más ricas que tienen un poder más hidratante presentan aceites (de trigo, de nueces de macadamia, de jojoba…) o mantecas. Mientras que sino no necesitamos una hidratación tan intensa, son más fluidas, ligeras y libres de aceites. Pero siempre es recomendable hablar con tu profesional y consultarle cual es el producto más aconsejable a tu tipo de piel.

En próximos artículos hablaremos de productos complementarios para complementar la limpieza y el cuidado de nuestra piel, como son: exfoliantes, mascarillas,  serum…

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